Por Sabine Drysdale -¡Él no está!
-¡Él no está! -grita desde dentro de un almacén la mujer que cocina para Nicanor Parra. Una mujer de pelo negro, lacio, desordenado, de un parecido asombroso a Violeta Parra, que nos mira enojada, desconfiada y que repite por tercera vez que no, que él no está, que salió. Pero la mujer -el cerco eléctrico para entrar a la intimidad de Nicanor Parra- está comprando Coca Cola a varias cuadras de su casa de calle Lincoln, en el balneario de Las...
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