Rodrigo Fluxá N.
Enviado especial a Aruana
Una hormiga de dos centímetros le sube a Carlo de Gavardo por el brazo. Él, con lentes y una camisa naranja, no se da cuenta. Al rato otra, de iguales dimensiones, encuentra su ruta por el cuello del piloto. Luego otra y otra. Recién ahí se sacude. Pero sin dejar de hablar. De Gavardo trata de darse a entender, incluso en medio de interrupciones: viene un mecánico norteamericano y le pide algo. Él, en un inglés más que aceptable, le responde...
Ver noticia completa en El Mercurio »