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"Otto Hardwick"

El duque del swing de vuelta en casa

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IÑIGO DÍAZ En la esquina nororiental del Central Park neoyorquino se despliega una plazoleta circular. Sobre ella, la figura de un elegante señor, de pie, junto a un piano de cola. ¡Una estatua para Duke Ellington! pidieron alguna vez los habitantes de Harlem, en su gran mayoría afroamericanos. Cada vez que caminan frente al monumento, saludan al maestro con un gesto de absoluto y sorprendente respeto. La efigie marca una de las entradas a Harlem, sobre la calle 110 este. Es el mismo barrio donde James P. Johnson, uno de los ídolos de Edward Ellington, tocaba stride en los subterráneos y cabarets en los años 20. El mismo barrio que Duke tenía en la mira como la siguiente estación de arribo y estadía una vez que emigrara definitivamente de su natal Washington DC. "Todos los pianistas tratábamos de sonar como el 'Carolina shout' que Jimmy (James P. Johnson) había...
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