Ordenar por:

Resultados 1 al 11 de 26 para

"Federico Zurita Hecht"

Cielo abierto , de Federico Zurita Hecht

| Ver más »
Después de que todos esos aviones se cayeron a tierra, las autoridades de todo el mundo prohibieron los vuelos. Y ya pasaron muchos años desde que esa decisión se convirtió en ley. A mi padre no le gustaba la ciudad, así que nos instalamos en una linda y amplia casa alejada del bullicio y todos los días realizábamos un viaje de cuarenta minutos en el auto. Nos dejaba, a mi hermano menor y a mí, en el colegio, luego se iba a su trabajo y por la tarde realizábamos el recorrido de vuelta. En nuestra casa también vivía nuestro abuelo. Él siempre nos contaba historias de los tiempos en que los aviones podían volar. Decía que había viajado una docena de veces, luego vino la guerra y la nueva ley, pero nunca se olvidó de lo hermoso que era volar. Las ciudades se veían tan pequeñitas, nos contaba el abuelo, las personas parecían hormiguitas, las montañas parecían...

Vivir como Federico

| Ver más »
FEDERICO ZURITA HECHT Cuando era niño odiaba mi nombre, porque a los otros niños les encantaba burlarse haciéndolo rimar de la manera más obvia, con alusiones a gustos que supuestamente yo tendría sólo por el hecho de llamarme Federico. Estupideces de niños. Y algunos adultos decían "eso es normal". Y resulta que es común, pero no normal. Mi abuelo se llamaba igual que yo, pero tal como lo recuerdo -fuerte y valiente-, él se debe haber defendido a combo limpio. Y su padre, un alemán que nació en la ciudad de Colonia, se llamaba Frederic, y supongo que en su idioma su nombre no rimaba con nada que pudiera generar burlas. Y aunque hubiera existido una forma de molestarlo, mi madre me contó alguna vez que él era un tipo imperturbable, que se imponía con los ojos. Yo, en cambio, que siempre fui malo para los combos, no tuve más remedio que el odio: a los otros niños y a...

Nada sobre Dios

| Ver más »
por Federico Zurita Hecht Llevaba tres meses sin escribir una sola línea y mi jefe me amenazó diciendo que no habrían más cheques hasta que llegara con un par de capítulos terminados de la teleserie. Hablaba en serio, así es que decidí mantenerme sobrio y comenzar a escribir, de otro modo los temblores del cuerpo no me permitían concentrarme. Salí a la calle a observar a la gente, a escuchar sus conversaciones, a buscar historias. Me perdí en los malls, me subí a las micros y me encerré en los vagones del metro. Llené cassettes con conversaciones tontas y varias páginas con situaciones aburridas sin conseguir nada interesante. A veces estaba tan cansado y sediento que me tomaba una cerveza, pero después de una ya no podía parar y al día siguiente no me quedaban fuerzas para pensar, ni mucho menos para levantarme de mi cama. Había pasado cuatro días sin tomar una...

Microcuentos

| Ver más »
Encontrar la salida Aquella mañana se despertó nuevamente de aquella caótica pesadilla del laberinto, donde corría sin parar y sin encontrar una salida. No comprendía que significaba, pero ya se había repetido demasiadas veces en el último tiempo. Agotado, se levantó y fue a comer algo. Siempre se despertaba hambriento y cansado después de tan agobiante sueño. Terminó de comer y lo cogieron unas enormes y fuertes manos, que le inyectaron una extraña fórmula y lo volvieron a depositar entre las paredes del interminable laberinto. Ojalá que al fin pueda encontrar el queso dijo el tipo del delantal blanco. Mal que mal, estuve horas construyendo el laberinto. Andrés Sierra La noche de Miguel Lo que más quería Miguel era tener un auto rojo y salir a recorrer la ciudad por todas las horas que su cuerpo se lo permitiera. La leucemia lo tenía al borde de dejar de...

El Ultimo Minuto y Todo Lo Que Ocurrió Después

| Ver más »
por Federico Zurita H. El partido de Chile con Brasil aún no terminaba cuando murió Felipe, mi hermano menor. Ocho horas antes había sufrido un accidente. Un conductor arrasó con él y con su bicicleta. Después huyó sin que yo alcanzara a hacer nada. Llevé a Felipe al hospital y me quedé todo el día acompañándolo. Cuando faltaban veinte minutos para las once de la noche, el médico me informó que ya nada se podía hacer. Fue una explicación corta y simple. El doctor quería deshacerse de mí con rapidez, pues al parecer tenía planes. Felipe murió cuando recién había cumplido once años y a nadie parecía importarle lo que yo sintiera. Era martes, invierno y feriado, el peor día de mi vida. Y en medio de esa desazón tuve que dar algunos datos y firmar papeles. El resto lo haría a la mañana siguiente. Estaba agotadísimo y todo recién comenzaba, pero antes de...

Primera persona singular

| Ver más »
Por Federico Zurita Hecht Típico: uno es más feliz imaginándose lo bien que lo va a pasar (en esa fiesta o en el estadio o donde sea que uno lo pase bien) que cuando esas cosas por fin ocurren. La expresión "lo vamos a pasar chancho" se te sale de la boca con más entusiasmo que la frase "lo estoy pasando súper bien". Y eso da un poco de rabia, un poco no más. Al revés parece ser exactamente igual, aunque con más rabia de por medio. Peor que morirse es estarse muriendo, porque los muertos ya no sienten nada; en cambio las agonías tienen esa cosa extraña que las hace sentir interminables con algo que te está permanentemente punzando y molestando y haciéndote sentir que el tiempo no pasa y que el descanso, que a esa altura se te vuelve una necesidad, no llega nunca. Y la tonterita sigue repitiéndose, no hay que estarse muriendo para saberlo, porque peor que sentirse muerto...

Con una lágrima en la garganta

| Ver más »
FEDERICO ZURITA HECHT La novia de R es una mujer independiente, que trabaja desde chiquitita y que ahora se paga la universidad sola. No necesita de su padre ni de un hombre para que la cuiden. Se sabe defender solita, y por ahí puede que vaya su plus. Sin embargo, ella llora por todo, por las películas malas, por las teleseries (que son más malas aún) y hasta por esos comerciales que intentan llegar a las emociones de los telespectadores. Pues bien, a ella le llegan porque sus emociones parecen estar a flor de piel. Pero se avergüenza un poco de eso y cada vez que las lágrimas comienzan a correrle por la cara, trata de disimular, algo que se le ha vuelto imposible, porque el llanto es más fuerte que ella. Y no es que lo esté pasando mal; se está desahogando y luego del llanto se siente nueva. Ella sabe que a fin de cuentas no está haciendo nada malo, que nadie la va a...

Cantantes orientales

| Ver más »
FEDERICO ZURITA HECHT Hace poco estuve hablando con mi amigo T., a quien últimamente veo sólo en un par de ocasiones cada tres meses, luego de que en el pasado lo veía varias veces por semana. Sin embargo, nada ha cambiado en nuestra amistad. T., de todas formas, debe cerciorarse de que nada ha cambiado y suele hacerme muchas preguntas en los primeros minutos de nuestras reuniones. Según T., la música es muy importante para eso, y aparte de preguntarme lo típico -si tengo algún proyecto, si estoy saliendo con alguien, y cosas así-, me pregunta qué música he estado escuchando. A su juicio, la música que uno escucha representa desde el estado de ánimo hasta qué punto ha escogido uno para mirar el futuro. Yo siempre le cuento, pero se lo cuento sólo porque me parece entretenido, y no porque crea que con esa información me esté revelando ante él. Lo que pasa es que,...

Lejos de todo

| Ver más »
FEDERICO ZURITA HECHT Vivo lejos de todo, del espeso aire del centro, del ruido de las micros, de los bocinazos que no te dejan concentrar en lo tuyo ni - en caso que quisieras- dormir siesta. Vivo tan lejos, que cuando estamos en el centro, mi amiga que vive en Malloco siente que su casa queda más cerca que la mía, aunque finalmente eso no sea cierto. Vivo lo suficientemente lejos de todo y todos como para vivir tranquilo. No es en el campo, pero al otro lado del muro, al final de la calle no es raro encontrarse con vaquitas que ni siquiera se animan a matar el tiempo. Pero también es cierto que vivo lo suficientemente lejos de cualquier cosa entretenida que pase en esta ciudad y tengo que plantarme diariamente viajes interminables y, en algunas ocasiones, tacos que desesperarían hasta al más mesurado practicante de cualquier técnica milenaria de relajación. Vivo en un...

Los amigos de siempre

| Ver más »
FEDERICO ZURITA HECHT Estás en edad de ver monos y tienes un amigo con el que juegas y compartes tus autitos, porque ninguno de los dos es bueno para el fútbol. Pero un día te tienes que ir a otra ciudad que queda demasiado lejos como para ver a tu amigo. Pasan tres años antes que lo hagas y él sólo quiere jugar a matar gente en el computador mientras tú sólo deseas escuchar a Depeche Mode, pero igual se llevan bien. Y el siguiente intervalo es sólo de dos años. Entonces se emborrachan juntos, lo que no te impide encontrarlo un poco tonto, tanto que luego de un tiempo ya ni siquiera lo vas a ver. Te lo encuentras en la disco y no sabes qué decirle cuando te pregunta por qué no le avisaste que irías. Y piensas que este sujeto no se parece a tu otro amigo que tienes desde hace 7 años, que es mayor que tú y que le saca el auto a su papá para que vayan juntos a las...
.