Ernesto Ayala Más allá de la vida le exige al espectador aceptar que hay algo después de la muerte. No es el paraíso cristiano ni nada muy concreto, pero existe un espacio, donde deambulan las almas y en el que, de alguna manera, continuamos siendo. Fuera de este detalle, que afecta profundamente la vida de los personajes, el resto de la cinta es realista, lo que obliga a asumir la premisa del más allá como "algo real". Los que han visto las películas de Clint Eastwood saben que su mirada del mundo está lejos del new age o del cristianismo formal, de manera que proponernos una historia así no deja de ser una rareza. Pero, tal como en una cinta de Superman se acepta que el Hombre de Acero puede volar, aceptación sin la cual simplemente no se puede entender ni disfrutar su historia, con Más allá de la vida hay que aceptar la trascendencia del alma. El requisito es obviamente...